Ha estado evolucionando durante 22 años en botella, y eso es dejar de crecer y hacerse un GRANDE, con una complejidad asombrosa, transformando toda aquella potencia que tenia cuando era joven (año 2004) en una elegancia madura, de seda, manteniendo aún parte de ese vigor juvenil.
Al abrirlo, noté alguna resistencia para extraer el corcho, pues se había “agarrado firmemente” al cuello de la botella, como si no quisiera abandonarlo. Que emoción !!!
Me encuentro un vino rojo “cereza apagado” con ribete en copa color ocre, destellos de teja algo anaranjados, fruto sin duda alguna del tiempo transcurrido en su prolongada guarda, y que yo celosamente había mantenido para esta ocasión tan especial para mi familia y para mi.
Su capa, media alta, aun tenia cierto brillo y al acercar la copa a mi nariz, sin moverlo, me regaló toda una paleta de aromas, y me inundó de frutas en licor, higos secos, ciruelas negras pasas. TODO UN SUEÑO !!!
Detrás de estas maravillas aromáticas, y con un ratito en la copa, me asoman los aromas terciarios, nítidos, a caja de puros, guarnicionería fina, y algún toque sutil, elegante, a hojarasca, que son propios de la complejidad que le ha dado su evolución, para inmediatamente aparecer claramente aquellos aromas especiados que le aportó en su día la madera de calidad de la barrica en que fué criado, como clavo, canela, algo mentolado y un mineral elegantísimo.
Mantiene viva su acidez, y eso aporta frescura, alargando el trago, con un retrogusto limpio, maderas orientales finísimas y un cacao potente y amargo que lo hace inolvidable.
Bendita la hora en que decidí abrirlo, era una fecha imborrable, pues mi nieto primogénito, Hugo, cumplía los mismos años que el vino, y los dos se merecen este homenaje….
Comentarios recientes