RESTAURANTE EL ESCUDO

Con este articulo concluyo por ahora, la trilogía que he dedicado a “Embrujos de Granada,” ya que ella en si misma es toda un embrujo, la de la sombra de plata, la del almendro, la que parece de nieve y por dentro es fuego.

Y hoy quiero contaros mi encuentro con este lugar, EL ESCUDO,  en el centro de la ciudad y aledaño al barrio judío de El Realejo; un rincón agradable, coqueto, familiar y con un encanto especial que le aporta su propietario, Antonio, (Antuam con M) como se me presentó.

Un tipo con una simpatía natural, con ese carácter apacible que suelen tener las almas buenas, servicial, atento y pendiente en todo momento que nos sintiéramos en La Gloria ( que consiguió con facilidad ) ya que comimos de maravilla, terminando felices en la sobremesa, cuando nos habló con emoción de su lugar de origen, BENALUA, un encantador pueblecito en la comarca de Guadix, famoso por sus casas-cuevas y paisajes de “badlands” ( tierras baldías ) donde el agua y el viento han esculpido un laberinto de cárcavas (barrancos y surcos profundos ) y “”chimeneas de hadas” ( pirámides formadas por la erosión del viento y agua sobre la arcilla del suelo).

Catamos con la comida un vino singular de la tierra con un nombre llamativo, “Diez Dias de Marzo” 2023,  coupage de uva JAÉN BLANCO, conocida como Cayetana blanca en Extremadura y Calagraño en Rioja, y MACABEO, (Viura en La Rioja) de cepas viejas, plantadas entre 950 y 1100 mts de altura, y que rinde homenaje en su etiqueta a un antiguo derecho de riego, donde “los 10 primeros días de Marzo” las fincas mas humildes de viñedos y olivos, recibían ese ÚNICO riego anual con agua pura, que llegaba desde la Sierra de Baza, en el deshielo de sus crestas nevadas.

Dábamos cuenta del café con unos bartolillos rellenos de crema pastelera, las gracias a KASSIN por sus magnificas creaciones en cocina, y vuelve a aparecer la magia, ese embrujo especial que parecen tener algunos lugares, y …de repente, allí, en la barra, y con una copa de vino en la mano, está Rafael, si, Rafael Moreno, todo un personaje de cuento de La Alhambra,  fabricante de guitarras de alta calidad, clásicas y flamencas ( solo unas 15 o 20 al año ) al que llamé luthier, y me corrigió sobre la marcha, diciéndome que lo definiera como “guitarrero”, jajajaja.

Cerramos el acuerdo, con un apretón de manos y unos vinitos en la barra.
Hasta la vuelta amigos….me llevo conmigo vuestra magia, cariño….y EMBRUJO.